Cuando el asentamiento surgió como forma de vida de la especie humana nació el jardín, más o menos rudimentario.

El ser humano por entonces se protegía con empalizadas cercando así su hábitat y posiblemente es entre estas empalizadas donde quizás, por acodo, enraízan algunas plantas que dan frutos y semillas que luego germinan dando lugar a plantas de flor. En ese momento aparecen las primeras técnicas de cultivo.

El hombre rodea su hábitat de vegetación que le procura protección, comida y placer, y hasta hoy seguimos necesitando espacios con vegetación que nos cubran el sol del verano, que nos protejan de los vientos dominantes, que cobijen animales e insectos, en el que existan árboles que ofrezcan frutos, flores que colorean espacios y agua que refresca el aire. Todo esto es vida y da origen a nuestros jardines.